Los Cuatro Honorables Caballeros

Cuatro Caballeros

Una antigua tradición en China cuenta que se creía que existía una conexión directa entre “el motivo o idea” y la punta del pincel, de esa manera se genera esta maravillosa conexión entre la naturaleza y el pintor, reflejando de este modo la también la obra, a su autor. Es de este modo simple, donde se une la habilidad del pincel con el cultivo de la mente y el espíritu. 

De este mismo modo y con la practica constante de Los Cuatro Honorable Caballeros se lograba la ductilidad en la pintura china, ya que se considera que ellos encierran las pinceladas de todos los elementos de la naturaleza.

Orquídea silvestre 兰花 (lán huā): Está compuesta de trazos espontáneos, libres, relajados y sueltos. Hojas delgadas, estilizadas y flores de diminutos pétalos, es relativamente fácil por ello se recomienda comenzar el aprendizaje con este caballero. Simboliza la virtud, la pureza, la belleza y la elegancia. Encarna el espíritu de la primavera.

Bambú 竹 (zhú): Su tallo ríguroso, y sus hojas al viento, connotan la convivencia de los rígido y sutil, por ello ha jugado un papel importante en la cultura china.
No es simple pintar bien el bambú. Se necesita mucha constancia, observación, paciencia y práctica. Símbolo de fuerza, longevidad, paz. Encarna el espíritu del verano.

Ciruelo 李子 (lǐ zi): Es la flor nacional de china, su mayor dificultad se encuentra en plasmar en su tronco sus principales características. Durante la estación invernal cuando el frío y el invierno azotan, asoman las flores del ciruelo y su esbelta belleza es reflejada en medio de la nieve. Simboliza de la resistencia ante la adversidad, perseverancia, rejuvenecimiento. Encarna el espíritu del invierno.

Crisantemo 菊花 (jú huā): Su tallo rígido, y grandes hojas, flores coloridas y mucho movimiento. Para pintarla se requiere conocer todas las técnicas anteriores. Considerada una de las flores más bellas y preferidas de la antigüedad como la flor de la corte, por ello su cultivo estaba reservado a los entornos imperiales. Encarna el espíritu del otoño, ya que es el momento en que se da el florecimiento de los crisantemos y coincide con la celebración de la fiesta otoño y es costumbre ir a la montaña a admirarlos.
Símbolo de la fuerza moral, la alegría ante la adversidad, descanso y tranquilidad.

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